Recuerdo bien que repentinamente sentía un mareo raro, diferente, me recargaba en algún lugar y ese vaivén continuaba. Era entonces que volteaba a alguna lámpara, puerta o cortina y notaba como estos objetos se movían. Sabía entonces que no era un simple mareo, sino un temblor, y casi instintivamente alguien te ganaba las palabras de la boca: "¡esta temblando!". |